De igual manera podemos
interpretar el aprendizaje de la
escritura. Es más, consideramos que su obviedad lleva muchas veces, a relativizar
la importancia de esos “primeros pasos” por el mundo del escrito, y no se le
presta la debida atención, dejando que el niño “pise” de cualquier manera, es
decir, que tome el instrumento como quiera (p.160-161). El no “saber” qué sentido tiene
esta corrección, hace que muchos docentes eliminen de su didáctica esta
cuestión.
Intentaremos aportarles un sentido, ya que
existe una forma precisa de tomar el instrumento o útil escritor. Con esta
“forma” impedimos que nuestro organismo sufra agresión en el proceso de
escribir, y además podemos sugerir la intervención docente orientando a los
niños para que adquieran un hábito correcto con el cual su escritura se verá beneficiada,
reducirá el esfuerzo de este acto y evitará todo riesgo de trastorno.
La
escritura es una “praxia” o movimiento,
es decir es una acción tal vez un tanto compleja, ya que debe ser planificada con un fin
determinado, que debe ser ejecutada de una manera consciente, para luego
ejercitarla mediante un proceso de automatización. La práctica escritural debe ser enseñada y aprendida.
En el
proceso de ejecución de la escritura cuanto menor sea la cantidad de músculos
de la mano, de la muñeca y mano
intervengan, mayor y mejor será el aprendizaje. Según Quintanal Díaz (2011) se podría
decir de esta otra forma: “Se trata de
adquirir un hábito correcto para que la mano, y todo nuestro organismo, se
encuentre lo más relajado posible y para ello comprometeremos la menor cantidad
posible de segmentos anatómicos y en los que se ejerza esta actividad el
esfuerzo resulte mínimo. Esto sucederá si el aprendizaje de la toma del útil
escritor es correcto”(p.161).
Quintanal Díaz, J. (2011) Los buenos hábitos de escritura, empiezan en la escuela, lo mismo para diestros que para zurdos. Educación XX1. Vol. 14 Nro. 1